Qué Pasa Tú ! el Blog de

Fernando Saiz Camarero

"Values. Respect. Decency. Standards." - A Bit of Fry and Laurie (1986)

Hubo otros Edwar Snowden, EEUU nos espía y la UE lo sabía desde antes del 2001 : José Ignacio López de Arriortúa (Superlópez) y ECHELON.

Con la popularización del reciente caso del espionaje de EEUU, desvelado por el analista americano Edwar Snowden, he recordado el caso ECHELON  que descubrí hace unos 10 años. Es cierto EEUU nos estaba espiando, no es conspiranoía, el parlamento europeo llegó a esa conclusión, si bien aunque hace 10 años no tenía los suficientes recursos económicos y técnicos es obvio que hoy día sí.

Existen unas decenas de casos en los que se ha demostrado que EEUU lleva interceptando las comunicaciones desde hace mucho tiempo, e incluso que lo hace con intereses ecónomicos. Así fue en el sonadísimo caso del ingeniero vasco José Ignacio López de Arriortúa ‘Superlópez’.

En 2001 La comisión Europea creó un grupo de trabajo para la investigación de esos sistemas de interceptación de EEUU. El nombre interno del sistema era ECHELON, y no cupo duda de su existencia.
Finalmente citaré las conclusiones a las que se llegó. (Por cierto si os atrevéis con el informe veréis como hubo otros testigos antes de Edwar Snowden)

El caso de José Ignacio López de Arriortúa (Superlópez) está extraído del libro de Nacho García Mostazo Libertad Vigilada
“Superlópez”,  como  se  le  conocía  en España por sus eficaces
métodos de gestión, inició su meteórica carrera en General Motors, donde
revolucionó  las  relaciones con los proveedores, logrando un importante
ahorro  a  la compañía. Debido a su éxito, los patronos de GM en Estados
Unidos  llamaron  al  ingeniero  español  para que se incorporase a los
cuarteles  generales  de  la corporación industrial, situados en Detroit
(Michigan).  El  1  de  mayo  de  1992,  López de Arriortúa era nombrado
vicepresidente  y director de compras de GM. La empresa empezó a aplicar
de  inmediato  sus  planes.  Arriortúa  prometía un ahorro de decenas de
millones  de  dólares  y sus planes se cumplían a la perfección, de modo
que General Motors empezó a ver casi de inmediato el resultado del nuevo
sistema aplicado por el ejecutivo y su equipo de colaboradores. [1]

Nacido  en  Amorebieta, Vizcaya, José Ignacio López de Arriortúa
albergaba  un sueño desde que se incorporó a GM: instalar una fábrica de
automóviles en su pueblo natal. El proyecto se llamaba “Planta X” y allá
donde  fuera López se lo presentaba a sus superiores. Tras la aplicación
de su exitoso plan de compras en la General Motors de Detroit, basado en
un  sistema  que él denominaba “Picos”, el revolucionario vicepresidente
creyó  que  se  daba la coyuntura necesaria para poner su sueño sobre la
mesa  del  presidente,  Jack  Smith. Tras estudiarlo a fondo, Smith sólo
pudo  prometer  a  López  que  se construiría la “Planta X” entre 1998 y
1999,  pero  no  lo puso por escrito, como al parecer pedía el ingeniero
español. [2]

En esas fechas, la compañía alemana Volkswagen no pasaba por sus
mejores  momentos.  También  afincada  en  España tras adquirir Seat, VW
tenía ciertas dificultades que posiblemente se solventarían aplicando el
programa  “Picos”  diseñado  por  Arriortúa.  Se  desconoce  si  fue  el
ingeniero  vasco  quien  contactó  primero  con  Volkswagen  o si fue su
presidente,  Ferdinand  Piëch,  nieto  del fundador de Porsche, quien le
llamó,  pero  lo cierto es que el 8 de marzo de 1993, con ocasión de una
reunión  en  la  fábrica  de  Opel  en  Rüsselsheim (Alemania), López de
Arriortúa  telefoneó al presidente de GM en Detroit para comunicarle que
abandonaba  la empresa. Al parecer, Piëch se había comprometido con él a
construir la “Planta X” de Amorebieta.

El ingeniero español regresó a Estados Unidos, donde Jack Smith,
acompañado  por  un  grupo  de ejecutivos de GM, le visitaron en su casa
para disculparse y hacerle una nueva oferta. Querían a toda costa que se
quedara   en   Detroit.   Según   publicó   años  más  tarde  el  diario
norteamericano  USA-Today, Smith le dijo que había cometido un error con
respecto  a  la factoría de Amorebieta y que estaba dispuesto a estudiar
nuevamente  el proyecto. López acordó permanecer momentáneamente en GM y
habló  por  teléfono con el presidente de Volkswagen. Ferdinand Piëch le
dijo  que siguiera con el fabricante estadounidense durante un año más y
luego  se  fuera a Alemania para ingresar en VW. Pero el 12 de marzo, un
abogado  de  GM pidió a López que firmara un contrato por cinco años, lo
que  sorprendió  al  ejecutivo,  que  en  ese momento ya sólo pensaba en
quedarse  un  año más allí para luego regresar a Alemania con Volkswagen.
“Superlópez”  interpretó  la  oferta  como  un  síntoma  de que GM había
perdido su confianza en él. [3]

El  lunes  15 de marzo, López de Arriortúa regresó a su despacho
en  General  Motors.  No  había  rechazado  aún  el nuevo contrato, pero
tampoco  lo  había  firmado.  El  consejo  de  administración acababa de
aprobar   por   unanimidad  su  ascenso  a  vicepresidente  ejecutivo  y
responsable  de  operaciones  en  América del Norte. La compañía incluso
convocó  una  rueda  de prensa para anunciar la noticia. López, a sus 52
años,  se  iba  a  convertir en uno de los ejecutivos más importantes de
Estados  Unidos. Sin embargo, el ingeniero desapareció repentinamente de
General Morots dejándole una nota de su puño y letra al presidente, Jack
Smith.  Un amigo de López se ocupó de entregársela en mano. En la carta,
el  ejecutivo  español  dimitía  por  segunda  vez en cinco días. “Puede
parecer un acto de cobardía” pero “es la acción más valiente de mi vida.
Jack, perdóname y trata de entenderlo. Lo siento”, escribió.

El  presidente  de  General Motors quedó desconcertado. Faltaban
apenas  dos  horas  para  que  se  celebrara  la  rueda  de prensa donde
anunciaría  el  ascenso  de  López de Arriortúa, pero el ingeniero había
huído.  “Hoy  me  disponía a anunciar que Iñaki López seguía con General
Motors  y  asumiría nuevas responsabilidades. Desgraciadamente, hace muy
poco  tiempo me ha enviado una carta en la que no acepta el cargo y dice
que se va. No sé cuáles son sus intenciones o dónde se encuentra en este
momento”, afirmaba Smith en una nota que se distribuyó a los periodistas
en la sede central de GM. [5]

López  de Arriortúa reapareció en Alemania un día después, el 16
de  marzo  de  1993,  donde  fue  nombrado  director  de  compras  y  de
optimización  de  la  producción  en  Volkswagen.  El 22 de marzo, siete
colaboradores del ingeniero vasco (cinco de GM en Detroit y otros dos de
Opel en Alemania) le siguieron a Volkswagen.

Desde ese momento se inició una carrera judicial que se prolongó
asta  el  año 2001. Opel presentó una denuncia contra “Superlópez” en la
fiscalía  de  Darmstadt  (Alemania)  bajo  la  acusación  de  “espionaje
industrial”.  Diversos  registros  en  su  despacho, su residencia y las
viviendas  de sus colaboradores concluyeron con la intervención judicial
de  cajas de documentos que podrían probar algunas acusaciones contra el
ingeniero.  Apoyados  por Opel, algunos medios de comunicación alemanes,
como  la  revista  Der  Spiegel,  inciaron  una  batalla contra López de
Arriortúa  que  también  terminó en los tribunales. Por su parte, Opel y
Volkswagen empezaron a inercambiarse comunicados en la prensa acusándose
mutuamente de espionaje. [7]

Entre  tanta  incertidumbre,  López de Arriortúa dedicó los tres
años  siguientes  a aplicar sus planes de gestión en Volkswagen. Pese al
complicado  panorama  judicial que se abría ante sí, a su puerta llamaro
otras empresas, industrias y consorcios para tratar de contratarle. Pero
el ejecutivo tenía la promesa de Ferdinand Piëch para instalar la planta
automovilístoca  en  Amorebieta  y  se  mantuvo fiel a Wolkswagen, cuyos
abogados  iban de juzgado en juzgado, resolviendo causas abiertas contra
él  y  su  empresa.  Sin embargo, en 1996 cambiaron las tornas cuando el
Gran  Jurado  del  Tribunal  Federal  de  Detroit  aceptó una demanda de
General  Motors  y  Opel  contra López y Volkswagen. El dominical alemán
Welt  am  Sonntag publicó un amplio reportaje donde afirmaba tener en su
poder  una copia de la demanda por daños y perjuicios presentada el 7 de
marzo  de  1996  ante  los tribunales de Detroit. La querella ocupaba 99
páginas  y  en  ella  se  acusaba  a  Ferdinand  Piëch,  a López y a sus
colaboradores,  a  quienes  definía como “guerreros”, de violar al menos
diez leyes norteamericanas bajo los cargos de “sustracción y explotación
ilegales   de  derechos  y  secretos  empresariales  ajenos”,  “acuerdos
conspirativos  para  actos  lesivos”  y  “conspiración  criminal”, entre
otros.  Según  el  rotativo  alemán, la demanda no era más que “un guión
listo  para  ser  filmado”,  porque  no  aportaba  ninguna  prueba  para
sustentar la acusación.

La  querella  presentada  en  Detroit  no preocupaba demasiado a
Volkswagen,  pero  el  consorcio  alemán temía que su admisión a trámite
contagiara  a  la  fiscalía  de Darmstadt, que ya llevaba casi tres años
instruyendo una causa contra López tras la denuncia presentada por Opel.
En enero de 1996, la fiscalía anunció que sus pesquisas habían terminado
y  varios  medios de comunicación alemanes insinuaban que en pocos meses
se  presentaría un pliego de cargos contra el ingeniero español. En este
caso, decían, la causa sí contaría con pruebas contundentes Acosado ante
el  rumor cada vez más insistente, López vio desvanecerse su sueño de la
“Planta  X”  y  presentó  su  dimisión  ante el consejo de vigilancia de
Volkswagen, que aceptó su renuncia el 29 de noviembre de 1996. [9]

El  11  de  diciembre  de 1996, apenas dos semanas después de la
dimisión de “Superlópez”, la fiscalía de Darmstadt presentó el pliego de
cargos.  López  de  Arriortúa  y sus colaboradores eran acusados de haer
preparado  concienzudamente un plan de espionaje industrial y de haberlo
llevado  a  cabo  sistemáticamente  contra  su  antigua empresa, General
Motors,  meses  antes de dejarla, en 1993. Contaba con pruebas obtenidas
en  los  sucesivos registros llevados a cabo tanto en la casa como en el
despacho  de “Superlópez”, así como en las viviendas de sus colaboradores
más  directos.  La  fiscalía  había  tomado  declaración a 196 testigos,
revisado  23.000 folios de actas y analizado el contenido de disquetes y
cintas   confiscadas  que  llenaría  2,25  millones  de  páginas  si  se
imprimiesen.  Ferdinand  Piëch,  presidente  de  Volkswagen,  y su ya ex
colaborador, José Ignacio López de Arriortúa, sabían que el caso abierto
en  Alemania  estaba  sobradamente documentado y posiblemente concluiría
con una sentencia condenatoria. [10]

Así  pues,  los abogados de Volkswagen iniciaron una negociación
con   los  de  General  Motors  para  tratar  de  llegar  a  un  acuerdo
extrajudicial,  que  se  logró el 9 de enero de 1997. Aquel día, las dos
grandes  corporaciones  industriales del automóvil firmaron un comunicado
conjunto  donde  se  detallaban  algunos  pormenores  del acuerdo. Volkswagen se
comprometió  a  abonar  a  GM  cien  millones  de  dólares  y  a comprar
componentes  a la GM estadounidense por un valor no inferior a los 1.000
millones   de   dólares  durante  un  período  de  siete  años.  Fuentes
empresariales  decían  entonces que si General Motors hubiera ganado uno
de  los dos procesos abiertos contra Volkswagen, la indemnización podría
haber  alcanzado  los  7.000  millones  de dólares, lo que llevaría a la
quiebra  al  gigante alemán, de modo que el acuerdo era beneficioso para
ambas partes. Pero tanto el Departamento de Justicia norteamericano como
la  fiscalía  de  Darmstadt, en Alemania, dijeron que el pacto entre las
empresas no ponía fin a los procesos judiciales. [11]

Sin embargo, General Motors anunció inmediatamente la retirada de
la  demanda contra Volkswagen admitida a trámite en Detroit. Por el lado
norteamericano,  el  caso  parecía quedar cerrado, aunque no tardaría en
volver  a abrirse. En febrero de 1997, nuevamente la revista alemana Der
Spiegel publicaba otro reportaje donde se acusaba a los colaboradores de
López de Arriortúa de integrar una red de cobro de comisiones ilegales a
los  proveedores  de  General Motors y de Volkswagen. El Departamento de
Justicia  norteamericano  inició  una investigación a propósito de tales
acusaciones,  pero  finalmente  no  se  pudo  probar  que López de Arriortúa y  sus
colaboradores  se  hubieran  aprovechado  de  su  posición  para  cobrar
sobornos. [12]

Tras  abandonar  Volkswagen, López de Arriortúa volvió a España,
donde  fijó  su  residencia  en  el  País  Vasco.  A través de una nueva
empresa,  la  consultora  López  de  Arriortúa  y  Asociados,  S.A.,  el
ingeniero  pasó  a ser asesor de industrias y administraciones públicas.
La  vida  parecía  volver  a  la  normalidad, aunque el proceso judicial
abierto en Darmstadt seguía adelante y el ingeniero tendría que sentarse
ante  un tribunal en breve. Sin embargo, el 8 de enero de 1998 sufrió un
grave  accidente  automovilístico.  El  coche  en  el que viajaba por la
Nacional  I  chocó contra un camión a la altura del término municipal de
Cogollos  (Burgos).  El  industrial fue ingresado en el hospital General
Yagüe  de  Burgos  en  estado  “muy grave”. Su recuperación fue lenta y
penosa.  Estuvo tres meses en coma y finalmente quedó incapacitado “para
cualquier actividad laboral”, según informes médicos posteriores. [13]

El   27   de   julio   de  1998,  con  López  de  Arriortúa  aún
convaleciente,  la fiscalía de Darmstadt anunciaba el sobreseimiento del
proceso  contra  él y tres de sus colaboradores tras alcanzar un acuerdo
con  los  abogados  del  industrial.  El  juzgado consideró que, tras el
accidente  de  “Superlópez”,  el  proceso tendría numerosas dificultades
jurídicas,  su  duración  sería  muy  larga  y  el  propio  López  podía
retrasarlo  a causa de su delicado estado de salud. El pacto obligaba al
ingeniero  a  pagar  una  multa  de  400.000  marcos  alemanes  (235.000
dólares). [14]

Pero  su  largo  peregrinaje  por los juzgados no iba a terminar
ahí.  Aunque  General  Motors  había retirado la demanda, el Gobierno de
Estados  Unidos  intentó  resucitar  el  caso  de  espionaje  industrial
admitido a trámite en Detroit. El 23 de mayo de 2000, el Departamento de
Justicia  anunció  la  presentación  de seis cargos contra el industrial
español  por  los  que podría enfrentarse a cinco años de cárcel y a una
multa  de  hasta 60.000 dólares. Su abogado en Norteamérica dijo que “el
señor  López niega haber violado las leyes estadounidenses”. El Gobierno
norteamericano  alegaba  tener pruebas para demostrar que “Superlópez” y
sus  colaboradores  se  habían  llevado  documentos  secretos de General
Motors  para utilizarlos en Volkswagen, aunque cuando GM y Opel pidieron
la  devolución  del  material,  López y otros “destruyeron muchos de los
documentos  que  había  robado”.  El  Departamento  de  Justicia también
anunció  que  pediría la extradición de “Superlópez”, pero su abogado ya
adelantó  que,  tras  el accidente de tráfico, el empresario estaba bajo
tratamiento  y  los  médicos  “encuentran  que ha sufrido significativas
pérdidas de memoria y daños cerebrales.”

El   Gobierno   de   Estados   Unidos  solicitó  formalmente  la
extradición a España en junio de 2000. La Audiencia Nacional instruyó el
caso  y  los  trámites  se  prolongaron durante un año. El 21 de mayo de
2001,  López  de  Arriortúa acudió a la Audiencia para testificar, donde
dijo  en  su  defensa  que  “soy  español,  no  confío  en  la  justicia
norteamericana y las acusaciones son falsas”. Durante su declaración, el
magistrado  de  la  sala le vio muy nervioso y le preguntó si necesitaba
algo  para sentirse más cómodo. “Superlópez” le pidió que le pusiera “un
cafetito,  por favor”. Fingiera o no sobre su estado de salud mental, lo
cierto es que la Audiencia Nacional denegó su extradición el 19 de junio
de  2001. Según su abogado en España, Manuel Ollé, “Superlópez” dijo que
nunca  había  estado  más  orgulloso de su país, de la Justicia y de los
jueces  españoles.  Para  el  letrado,  la demanda de extradición estaba
“absolutamente  infundada”,  era  un  “fraude de ley” y el procedimiento
“estaría  condenado  al  fracaso, ya que los hechos que se le imputan no
serían  constitutivos  de delito en España, además de estar prescritos”.
Por  último,  Manuel Ollé enunció una pregunta retórica: “¿Qué delito es
hablar por telétono o por vía telegráfica?, que es de lo que acusan a mi
cliente”. [16]
En  efecto,  cuatro  de  los  seis  cargos  del  Departamento de
Justicia  de  Estados  Unidos  contra  López se enunciaban de este modo:
“Fraude  mediante  el  uso  de comunicaciones por cable o electrónicas”,
según  se puede leer en la “Pieza de Convicción C” del pliego presentado
por  el  Gobierno estadounidense ante la Audiencia Nacional española. En
dicho documento, al que tuvimos acceso durante nuestra investigación, la
agente  Pamela A. Matson, del FBI, presente una declaración jurada donde
reconoce  tener  pruebas  contra  López  de  Arriortúa, aunque en ningún
momento  explica  cómo  se  obtuvieron algunas de ellas, ya que menciona
cuatro “registros telefónicos” que parecen ser, en realidad, producto de
la   interceptación  de  las  comunicaciones.  Matson,  que  dirigió  la
investigación  contra  “Superlópez” desde la oficina del FBI en Detroit,
afirma: “En el curso de esta intestigación he entrevistado e interrogado
a   numerosos   individuos   [...]  que  poseen  información  sobre  las
actividades delictivas del señor López. Asimismo, he examinado registros
telefónicos,   comerciales,  de  bandos  y  hoteles  que  corroboran  la
información proporcionada por dichos testigos”. [17]
A  propósito  de  los “registros telefónicos”, la agente del FBI
menciona  cuatro:  una llamada telefónica, un transmisión electrónica de
datos  y  dos  transmisiones  por  fax.  Pero  todos  estos registros se
produjeron  antes  de que López fuera demandado ante los tribunales, por
eso  cabría  preguntarse cómo es posible que el FBI tuviera acceso a los
mismos.  Incluso también podríamos preguntarnos si las comunicaciones de
López  de  Arriortúa  estaban intervenidas bajo una orden judicial o si,
por el contrario, el ingeniero era uno de tantos objetivos del espionaje
masivo  de  las  comunicaciones  llevado  a  cabo por Estados Unidos. La
respuesta,  por  lo  que  se  deduce  de  las explicaciones de la agente
Matson, parece ser más bien la segunda, porque las cuatro comunicaciones
que  le  sirven como prueba fueron conexiones internacionales, de lo que
cabe  suspechar  que la NSA intervino las comunicaciones de “Superlópez”
mientras  era  un  directivo  de  General Motors, antes de que cometiera
ningún presunto delito y sólo bajo la sospecha de que sus comunicaciones
estuvieran  intervenidas  por  simple rutina, como hace habitualmente la
NSA.
Según la agente Matson, de los cuatro registros que menciona, la
llamada  telefónica  se produjo el 18 de diciembre de 1992, cuando López
de   Arriortúa  solicitó  a  un  empleado  de  la  fábrica  de  Opel  en
Russelsheim,  Alemania,  que  le  enviara listas impresas de una base de
datos  confidencial conocida por el nombre de EPOS. Según la declaración
jurada   de  Pamela  A.  Matson,  “estas  listas  contenían  información
confidencial sobre compras, incluidos los precios pagados por Opel a los
proveedores  de  piezas  europeos. Esta información -añade la agente del
FBI-  sería  muy  valiosa para los competidores de GM-Opel en el mercado
europeo.  El señor López pidió específicamente que los datos del sistema
EPOS  se  clasificaran  según el nombre del proveedor, o sea, un formato
que  no  se  había utilizado anteriormente en la GM-Opel”, concluye. Con
respecto a la llamada telefónica en sí, Pamela A. Matson subraya que fue
una  comunicacion  internacional “desde Warren, Michigan, a Russelsheim,
Alemania”.
A   continuación  la  agente  se  refiere  al  segundo  registro
telefónico  y detalla que, “el 19 de diciembre de 1992 [...], con el fin
de  producir  las listas impresas en Estados Unidos, la GM-Opel tuvo que
enviar  una gran cantidad de información por medio de comunicaciones por
cable  o  electrónicas desde Russelsheim, Alemania, a Troy, Michigan. La
transmisión  de  la  serie de datos de EPOS y la impresión de las listas
[...] costó a la GM-Opel 17.500 dólares, aproximadamente”. Más adelante,
Pamela  A.  Matson  explica  que  en febrero de 1993, López de Arriortúa
pidió  a  un  empleado  de  GM-Opel que recopilara nuevos documentos con
información  confidencial  sobre  los  “costos incurridos por GM-Opel en
fabricar  sus  coches.  Esta información fue utilizada para comparar los
costos   de   GM-Opel  con  los  costos  estimados  incurridos  por  sus
competidores en fabricar coches equivalente”, dice. “Este material (…)
fue  recopilado  por  uno  de los subordinados del señor López de varios
lugares de Europa y Estados Unidos -asegura- por orden del señor López.”
La  agente  del FBI detalla también que, “como parte de este esfuerzo de
recopilación,  el cómplice del señor López envió una carta por fax desde
Michigan  a  Russelsheim,  Alemania,  en  la  fecha del 23 de febrero de
1993″. Éste es el tercer registro telefónico al que se refiere Matson en
su declaración jurada.
Las  tres  comunicaciones  aportadas  hasta  ahora  como pruebas
contra  “Superlópez”  se  produjeron  antes  incluso de que el ingeniero
firmara  su  contrato  con  Volkswagen,  mientras que el cuarto registro
telefónico  se  produjo  después, el 15 de abril de 1993. Se trata de un
fax  remitido  por  “Superlópez”  desde  Wolfsburg,  Alemania, a la sede
central  de  General Motors, en Detroit. La agente Matson dice que, tras
la  marcha  de  “Superlópez”  y  de  algunos  de  sus  colaboradores más
cercanos,  empleados  de  General  Motors  registraron sus oficinas y no
pudieron   localizar   documentos   confidenciales   que   la   compañía
estadounidense  valora  en “más de un millón de dólares”. “A la vista de
estos  hechos  -explica  la  agente-,  GM-Opel entregó o envió cartas al
señor  López  y  a  otros  ex  directivos  recordándoles  su  obligación
fiduciaria de mantener confidencial toda la información [...] que habían
obtenido durante su empleo [...] y pidiéndoles que devolvieran todos los
documentos  e  información  de  propiedad  de  GM-Opel  que tenían en su
posesión.  En  cartas  enviadas  por  fax a GM en Detroit desde Alemania
- añade-,  el  señor  López  negó  que  él  hubiera  tomado documentos
de GM-Opel.  Éstas  cartas eran falsas y engañosas, ya que el señor López y
sus cómplices se habían llevado con ellos a Volkswagen un gran número de
documentos”, concluye.
Algunos de estos “registros telefónicos”, como los llama el FBI,
pudieron  recibirlos  de manos de la propia empresa denunciante, como el
fax  enviado  por un colaborador de Arriortúa a Alemania, o la respuesta
de  “Superlópez”  a  General  Motors  afirmando  que no se había llevado
documentos  confidenciales.  Pero  en  cuanto  a la transmisión de datos
electrónicos entre Alemania y Estados Unidos, ya no estaría tan claro si
General  Motors  pudo  tener  acceso a su contenido, salvo que espiara a
López de Arriortúa o que revisara su ordenador una vez que el industrial
se  marchó  a  Alemania.  No  obstante,  parece  obvio que un hombre tan
inteligente  como  “Superlópez”  no iba a dejar en la bandeja del correo
entrante  de  su  ordenador  una  prueba  de tanto peso en su contra. En
cuanto  a la primera llamada telefónica mencionada por la agente Matson,
no  cabe  duda  de  que  dicha prueba se obtuvo por medio del espionaje,
salvo que el FBI interrogara al empleado de Opel que habló con Arriortúa
y  lo  dedujese  de  su  testimonio. Pero en cualquier caso, todas estas
pruebas  mencionadas  por  Pamela  A.  Matson  en  su  declaración,  son
comunicaciones  que se produjeron antes de que General Motors denunciara
a López de Arriortúa y, por tanto, no sirven para sustentar la acusación
porque son ilegales, al menos en España.
No  obstante, para la materia que aquí nos ocupa, la declaración
jurada  de  una  agente  del  FBI es una confirmación oficial de que las
autoridades  estadounidenses se sirven del espionaje ecnológido exterior
para  ayudar  a  sus  empresas.  La  misma  certeza es compartida por el
investigador  Erich  Schmidt-Eenboom, capitán en la reserva del Ejército
Federal  alemán  y especialista en temas de inteligencia militar, además
de  autor de varios libros de referencia sobre el espionaje tecnológico.
Según   este  investigador,  “Echelon”  intervino  una  videoconferencia
mentenida  a  principios  de  1993  entre Ferdinand Piëch, presidente de
Volkswagen,  y  José  Ignacio  López  de  Arriortúa,  en aquellas fechas
todavía  vicepresidente  y  director  de  compras  de General Motors. La
intervención  se  hizo  desde  la  base  “Echelon”  de  Bad  Aibling, en
Alemania.  Schmidt-Eenboom desveló este hecho en el programa Frontal, de
la  cadena  de televisión ZDF. Al parecer, según las fuentes consultadas
por  este  investigador,  el  vídeo  fue  entregado  por  la  NSA  a las
autoridades  norteamericanas, que a su vez se lo dieron a GM como prueba
de  que  López  se  había  comprometido  con Piëch a entregarle secretos
industriales.  Al parecer, el vídeo acabó en manos de Opel, que a su vez
se  lo pudo entregar a la fiscalía de Darmstadt sin explicar cuál era su
origen.  La fiscalía tampoco pudo usar la grabación como prueba, pero le
sirvió  para  admitir  la  denuncia  presentada  por  Opel e iniciar una
investigación teniendo mucho más claro lo que había que buscar cuando se
registraran   la   casa   el   despacho  de  “Superlópez”.  Según  Erich
Schmidt-Eenboom,  la  fiscalía tenía “informaciones muy detalladas” para
la instrucción del caso. [18]
Los  datos  aportados  por la cadena de televisión ZDF, así como
otros reportajes publicados en medios alemanes, llevaron al eurodiputado
Gerhard  Schmid  a  escribir  en  el  informe  definitivo de la Comisión
Echelon  que  el objetivo de la NSA al entregar las supuestas escuchas a
General  Motors  era la “protección de los secretos de empresa [...] que
López  deseaba  facilitar a WV (listas de precios, planes secretos sobre
una  nueva fábrica de coches y nuevos utilitarios)”. Según el Parlamento
Europeo,  “López  es  descubierto y el procedimiento judicial se detiene
[...] mediante el pago de multas”. [19]
La mención, que es apenas un apunte en el informe de la Comisión
Echelon,  sirve  sin  embargo  para aclarar cómo los abogados de GM y VW
pudieron  llegar  a  un  acuerdo  extrajudicial  tan rápido, pues apenas
estuvieron  negociando  un  mes, concretamente entre diciembre de 1996 y
enero  de  1997.  Para  General  Motors  hubiera  sido mejor obtener una
cuantiosa  indemnización  tras  ganar  el  proceso  judicial, ya que, al
margen  de  vídeo,  en  la  fiscalía  de Darmstadt había pruebas más que
suficientes  en contra de Arriortúa y de Volkswagen. En cambio, más bien
parece  que  VW  supiera  de la existencia de las escuchas prácticamente
desde  la  apertura  del  caso. De hecho, si la grabación era filtrada a
algún medio de comunicación, las carreras de “Superlópez” y de Ferdinand
Piëch,  así  como  el futuro de Volkswagen, quedarían en entredicho para
siempre. Pero la difusión de la grabación de la videoconferencia también
podría  perjudicar a General Motors, porque posiblemente los abogados de
Volkswagen  acusarían  entonces  a  la empresa norteamericana de haberle
facilitado  el  vídeo  a  la  fiscalía  de Dramstadt y su instrucción se
anularía automáticamente. Así pues, la mejor salida par ambos consorcios
era el acuerdo extrajudicial al que llegaron en enero de 1997.
Pero  el  “caso  López”  también parece crucial para entencer el
apoyo  del  Gobierno  alemán  a  la  puesta  en marcha de la comisión de
investigación  sobre  “Echelon”  en  el  Parlamento  Europeo. Uno de los
miembros  del consejo de vigilancia de Volkswagen que aceptó la dimisión
de  Arriortúa  a finales de 1996 era el entonces primer ministro de Baja
Sajonia,  Gerhard  Schröder, quien se convertiróa en canciller alemán en
1998  y  fue  reelegido  en 2002. Se desconoce si el político suop de la
existencia del vídeo cuando aún no era canciller, pero aunque se hubiera
enterado  más tarde, es fácil que albergara un cierto resentimiento ante
el  espionaje  tecnológico llevado a cabo por Estados Unidos, sobre todo
por los apuros que pasó Volkswagen. No en vano, la marca automovilística
es  el bastón económico de Baja Sajonia, la región que entonces presidía
Schröder. De hecho, su beligerante actitud contra “Echelon” no fue vista
con buenos ojos en Washington. Además, cuando se hizo público el informe
definitivo  de la comisión del Parlamento Europeo, donde se afirmaba que
“Echelon”  es  una  herramienta  “intolerable” si se usa “para conseguir
ventajas  competitivas”,  el  documento llevaba la firma de otro alemán,
Gerhard Schmid, miembro del partido socialdemócrata de Schröder.
Como  respuesta, la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana
anunció  por  sorpresa el cierre de la base “ECHELON” de Bad Aibling, en
Alemania.  La  breve  nota,  publicada  en su página de Internet el 3 de
junio  de  2001,  decía  que  se  devolvería el predio a las autoridades
alemanas  en  2003. Sin embargo, tras los atentados del 11 de septiembre
de  2001,  parece que el Gobierno estadounidense se echó atrás y decidió
mantener  abierta  la  estación de escuchas, que sigue funcionando en la
actualidad.

Finalmente os dejo con algunas de las conclusiones de la comisión temporal sobre el sistema de interceptación ECHELON extraídas del informe final A5-0264/2001:

Con respecto a la existencia de un sistema mundial de interceptación de las comunicaciones privadas y económicas (sistema de interceptación ECHELON)
No hay ninguna razón para seguir dudando de la existencia de un sistema de interceptación de las comunicaciones a nivel mundial en el que participan los EE.UU., el Reino Unido, el Canadá, Australia y Nueva Zelanda en el marco del Acuerdo UKUSA. Teniendo en cuenta indicios disponibles y numerosas declaraciones coincidentes procedentes de círculos muy diferentes, incluidas fuentes estadounidenses, se puede admitir que el nombre del sistema, o de partes del sistema, fue, por lo menos durante un tiempo, “ECHELON”. Lo importante es que sirve para interceptar comunicaciones privadas y de carácter económico, pero no militares.
Los análisis han demostrado que, probablemente, las posibilidades técnicas de este sistema no sontan amplias como han supuesto algunos medios de comunicación. Con independencia de ello, resulta tranquilizador que muchos responsables de la Comunidad a los que ha oído esta comisión, en particular miembros de la Comisión, han afirmado que no conocían este sistema.

Con respecto a los límites del sistema de interceptación

El sistema de interceptación se basa, sobre todo, en la interceptación a escala mundial de las
comunicaciones por satélite. No obstante, en las regiones con una densidad elevada de
comunicaciones, el porcentaje de las comunicaciones realizadas por satélite es muy limitado, lo que implica que la mayor parte no puede interceptarse desde estaciones terrestres, sino mediante la interceptación de cables o por radio. No obstante, las investigaciones han demostrado que los Estados UKUSA sólo tienen acceso a un porcentaje muy escaso de las comunicaciones por cable y radio y que sólo pueden examinar una parte aún más limitada de las comunicaciones debido a la escasez de personal. Por muy numerosos que puedan ser los medios y capacidades disponibles para la interceptación de comunicaciones, el elevado número de éstas hace que, en la práctica, sea imposible
realizar un control exhaustivo y en profundidad de todas las comunicaciones.

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